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Y tan tranquilo que se veía

Y tan tranquilo que se veía

La época salvaje de Elvis Costello
Lunes 19 Marzo, 2018
Y tan tranquilo que se veía

Se le atribuye a David Lee Roth la frase más famosa sobre Elvis Costello: "Los críticos lo aman porque se ve igual que ellos". Seguramente el vocalista de Van Halen leyó a Dave Marsh, el periodista de Rolling Stone que en 1978 escribió: "Elvis Costello es un héroe del rock tan perfecto que hasta se parece a nosotros. Usa lentes, es enclenque, neurasténico y no sabe cuándo quedarse callado". La cita delata la fascinación de la prensa de la época, sobre todo la estadounidense, por el look del músico inglés que osaba tomar el nombre de El Rey pese a lucir como un doble de Buddy Holly. Eso sí, carecía de la jovialidad asociada al rockabilly. Poco antes de desaparecer, la revista musical neoyorquina Crawdaddy lo definía como "el retrato absurdista y chaplinesco de un tipo rudo". 

En aquel entonces, Costello siempre andaba molesto. Su malhumor está condensado magistralmente en "This Year's Model" (1978), el segundo disco de su carrera y el primero en compañía de The Attractions, trío fundamental en el hallazgo de un estilo más agresivo que el de su debut, "My Aim Is True" (1977). Era la banda de apoyo perfecta para un frontman que no le sonreía a nadie. En su primera entrevista con NME, lanzó una de las frases que lo persiguen hasta hoy: "La venganza y la culpa son mi única motivación para escribir canciones. Son las sensaciones que conozco. ¿Amor? No sé qué significa y no existe en mis canciones".

Costello en "This Year's Model" echa espuma por la boca. Durante la sesión de fotos de su icónica portada, en la que aparece detrás de una cámara, posicionándose como el observador y no como el observado, pidió escuchar un tema que detestaba, 'Hotel California' de los Eagles, para salir retratado con auténtica molestia. En sí, el disco funciona como un tratado acerca de las cosas que lo mosqueaban a sus 23 años. En la base de la pirámide, una serie de frustraciones amorosas y sexuales. Más arriba, airados reclamos en contra de las grandes corporaciones, la censura en los medios, la frivolidad de la industria del espectáculo, los poseros infiltrados en escenas musicales, el esnobismo de la sociedad británica y el alzamiento de una nueva camada de fascistas, entre otros tópicos. Tampoco hacía concesiones en vivo: daba conciertos a un volumen ensordecedor, vendavales de 45 minutos sin pausas entre canciones y sin bis.

Con retorcida consecuencia, se comportaba como un antagonista de quien se le cruzara. Concedía pocas entrevistas y en prácticamente todas encaraba a los reporteros. "Tu país nunca ha contribuido una buena banda de rock al mundo", le dijo a un periodista estadounidense. Si lo llevaban a una radio, se burlaba al aire de los locutores y elogiaba a la competencia. En el probable caso de que algún comentario o pregunta lo fastidiara, se paraba y se iba sin dar explicaciones. Para colmo, su manager, Jake Riviera, tenía actitudes matonescas con la prensa. La revista Creem, en su número de mayo del 78, consigna que un fotógrafo fue brutalmente golpeado durante un show en Milwaukee. En aquel entonces, por si las cosas se ponían feas, Costello siempre llevaba un clavo en el bolsillo.

El inglés y su banda acumularon una gran cantidad de anécdotas sabrosas, como la vez que tocaron en plena calle, fuera de un edificio en el que se realizaba una convención de ejecutivos disqueros, para reclamar porque ninguna compañía los editaba en Estados Unidos. Su polémico paso por Saturday Night Live, en el que no respetaron el pedido de la producción y tocaron 'Radio Radio' (un tema contra la comercialización y la censura en los medios), les valió un veto que duró más de una década, hasta que los Beastie Boys parodiaron el episodio junto al propio Costello. La infame escena también fue recreada por St. Vincent en el show de Conan O'Brien. 

La reputación del cuarteto empeoró. Abundan historias de anfetas, cocaína y groupies, relatos de perversión tras bambalinas que alcanzan niveles zeppelianos. En el fondo, los mismos vicios y excesos por los que ellos condenaban a la generación anterior de rockeros. "Por un breve e improbable momento, nosotros, los horrorizados hijos de Inglaterra, estábamos en las revistas al lado de Debbie Harry y de esas otras bellezas rubias, The Police. Afortunadamente para todos, yo estaba a punto de arruinarlo completamente", escribe Costello en las notas interiores de una reedición de "This Year's Model". Se refiere al peor exabrupto de su carrera: la noche de borrachera en la que, por el gusto de escandalizar a los estadounidenses, usó insultos racistas para referirse a James Brown y Ray Charles. 

El desatino le costó caro, aunque sólo se trataba de otra de sus provocaciones. La persona era distinta al personaje: citaba con reverencia a íconos afroamericanos de la música y poco antes del escandalo protestó contra el nacionalismo blanco participando en la campaña Rock Against Racism. Pese a su talento, reconocido por colegas y colaboradores de la talla de Paul McCartney y Burt Bacharach, se hizo una mala fama que lo relegó al plano secundario de la historia. Además, no tenía pasta de superestrella: despreciaba las modas, era demasiado intelectual y no le gustaba repetirse.

Fuera del mundo angloparlante, disminuye la valoración de su trabajo como letrista, lleno de referencias literarias y tan importante como su música. Iba a debutar en Chile el 2005, pero vendió apenas 200 de las cuatro mil entradas disponibles y el evento fue cancelado. Sin embargo, su impacto es palpable en artistas mucho más populares dentro de nuestras fronteras, como Rivers Cuomo de Weezer, que simplemente no existirían sin el rabioso "This Year's Model". Es difícil perpetuar el esterotipo del hombre dañado, perdedor y neurótico sin citar a Elvis Costello. 

Andrés Panes

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