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Made In Japan

Made In Japan

Made In Japan

Miércoles 06 Julio, 2011
1972. Warner

La década de los setentas fue la de los discos en vivo súper-ventas. Bandas desconocidas lograron el estrellato gracias a este tipo de registros. Kiss, Peter Frampton, Cheap Trick, por citar a la trilogía más representativa de casos, le deben sus carreras a “Alive”, “Frampton Comes Alive” y “Live at Budokan”, respectivamente. Eso hizo que de ahí en adelante, los discos en vivo fueran otra herramienta comercial, y no una rareza u osadía, como lo fue previamente.

Sin embargo, antes que aparecieran los chantas que regrabaron sus discos en vivo en el estudio (sí, es cierto); o las manipulaciones en la post-producción (el sello de Steve Harris, por ejemplo); o que el disco en vivo se transformara en la excusa para demorar más tiempo en el siguiente trabajo de material original, existieron bandas que se atrevieron a mostrarse tal cual eran, sin ediciones, sin grandes equipos ni pretensiones. Desde aquel punto de vista, auténticos “live albums” que marcaron la historia del rock fueron “Live at Leeds” de The Who, “Get Yer Ya-Yas Out!” de The Rolling Stones y “Made in Japan”, de Deep Purple, por citar a mis tres favoritos.

Lo vital de “Made in Japan” es por la cantidad de bandas que marcó. Y el estilo, claro. El virtuosismo, los largos solos, las largas improvisaciones, todos elementos que no eran nuevos ni mucho menos, pero que había que mostrarle al mundo que no eran viles ejercicios del ego, sino también había arte en ello. El atrevimiento que muy pocos tenían en el estudio, Purple lo tenía hasta en sus presentaciones. Y no dejemos de lado que, hasta el día de hoy, Deep Purple sigue siendo una máquina en vivo, y todos los excesos en que cae “MIJ” se compensan con la brillantez de sus interpretaciones.

No vamos a venir ahora a descubrir las canciones que se contienen en el disco. 4 joyas de “Machine Head”, 2 de “Fireball” y una de “In Rock” es una buena representación, incluso hasta el día de hoy, de lo que fueron los mejores años de la formación dorada de Deep Purple, la que incluía a Ian Gillian en voz, el insuperable Ritchie Blackmore en guitarra, Jon Lord en teclado, Roger Glover en el bajo e Ian Paice en la batería.

La versión de ‘Highway Star’ es quizás la que más se asemeja a su interpretación original en el estudio. Duración similar, los solos no varían demasiado, pero la fineza y velocidad llaman la atención de cualquiera. El metal no sería nada sin ‘Highway Star’, y escucharla en vivo en 1972 es tanto o más vibrante que cualquier otro clásico del estilo en el 2008.

La garganta de Gillian se lleva aplausos en ‘Highway Star’, pero es en ‘Child in Time’ donde finalmente estalla. La quietud casi paradisíaca se interrumpe con aullidos que sólo Ian puede (o podía) hacer. Los cambios de ritmo y de volumen se hacen con naturalidad en los largos segmentos instrumentales, lo cual ratificaba que tanto la base rítmica como las 2 luminarias de esta nave, el teclado de Lord y la guitarra de Blackmore, funcionaban a la perfección. Para quienes insisten que el rock pesado o el metal nacieron en los ochentas es porque no han puesto atención a este disco y a interpretaciones como esta. Después de escuchar lo que Blackmore hace con su guitarra, hay bien poco que agregar.

De ‘Smoke in the Water’ seguro que no hay nada que ya no se haya dicho. Una versión también apegada a la original, con un final un poco más extendido, por lo que seguro te vuela la cabeza una vez más. Hasta aquí, podemos calificar “Made in Japan” como un registro en vivo convencional. La mejor parte es la que viene a continuación.

Pocos conocerán ‘The Mule’, un corte lleno de sicodelia y magia perteneciente a “Fireball”, que en su versión de estudio flota por los parlantes. En “Made in Japan”, el vuelo que adquiere gracias a la guitarra de Ritchie y el golpeteo en la batería de Paice no se pierde, pero gana presencia terrenal gracias al inmenso solo del mismo Ian Paice. Ya cerca de los 8 minutos, reingresa la banda, conducida esta vez por Lord, para un cierre sublime, impecable. Definitivamente es un track de oro.

‘Strange Kind of Woman’, del mismo álbum que ‘The Mule’, es otro momento mágico. La primera parte, otra vez, es tal cual la conocemos. Aparecen de repente las risas de Gillian, vaya uno a saber porqué, y le cede el control absoluto a Blackmore, para el cual ya no me van quedando calificativos. Éste termina jugando junto a Gillian, y se dejan llevar, armando una auténtica fiesta. En momentos así es donde la creatividad en el escenario pasa a ser tan relevante como la del estudio de grabación. Son pocos los que en los shows pueden sostener la energía siempre arriba, sin perder coherencia o fuerza. Deep Purple es de esas agrupaciones privilegiadas. El final, con un asombroso aullido del Ian que canta incluido, otra vez te dejará con la boca abierta.

Llega la hora de ‘Lazy’, con breve saludo a ‘Louie Louie’ en el principio para los de oreja más estudiosa. ‘Lazy’ ya es brillante en su aparición en “Machine Head”, y es imaginable que en vivo pueda romperla. Así es que tal vez no se sorprendan tanto. Con una banda así a veces se pierde la capacidad de asombro, que ello no influya para no disfrutar de un tema genial, con un grupo lleno de potencia, pasión y originalidad. Pareciera que ‘Lazy’ no decae nunca y que se resigna a parar, porque no es nada de floja, por el contrario, después de 10 minutos y medio, el respiro que te da parece necesario.

El cierre viene por cuenta de ‘Space Truckin’’, que siempre es un demonio incontrolable. El mismo Ritchie Blackmore alguna vez dijo que el riff que utilizó para ese tema le parecía tonto e inútil, así es que me imagino que para no sentirse tan mal al momento de tocarla es que se despachan una versión de 20 minutos absolutamente increíble. Gillian deja el alma en el micrófono, Paice es una cabalgata, Ritchie como siempre está insuperable, y Lord justifica su apellido en el teclado, porque es parte del selecto grupo de dioses de su instrumento. Pero además aparece uno de los regalones, Roger Glover, que nunca desentona, pero acá está fuera de serie. El jam final es un momento inspirado y espacial (como el título del tema lo sugiere), y él destaca como nadie. Claro, estamos hablando que el estándar es bastante alto, por lo que “destacar” aquí ya requiere trabajos sobrehumanos. Tras una serie de solos, como siempre es Blackmore el que le entrega el protagonismo a Gillian, quién brevemente retoma la conducción de esta loquísima pero imponente entrega de ‘Space Truckin’’, la cual se alarga, se alarga, se rehúsa a morir, hasta que finalmente la volada se detiene y “Made in Japan” llega, lamentablemente, a su fin.

Por fortuna, como pasó también con “Live at Leeds” entre otros, el tiempo hizo justicia, y la reedición del disco fue la excusa perfecta para incorporar más canciones. Las favorecidas son las imprescindibles ‘Black Night’ (sin el solo de bajo que le conocemos hoy en día) y ‘Speed King’, y su desfachatada interpretación de ‘Lucille’, que llenan tus oídos y alegran el espíritu. Pero el LP original contenía sólo 7 tracks, que si los revisamos ahora parece un “grandes éxitos” en vivo, pero en ese momento no lo era. Y eso lo hace más meritorio todavía. “Made in Japan” fue tan relevante para su éxito como el mismísimo “Machine Head”, y es algo que podos discos en vivo logran.

La lista de grandes discos en vivo es larga, y tarde o temprano volveremos a hablar de ellos. Recuerdo también el “At Fillmore East” de los Allman Brothers, “Kick Out the Jams” de MC5, “Live After Death” de Iron Maiden, “It’s Alive” de The Ramones, “Band of Gypsys” de Jimi Hendrix, o los más veteranos aún “At Folsom Prison” de Johnny Cash y “Live at the Apollo” de James Brown. Personalmente, el “How the West Was Won” de Led Zeppelin es insuperable, pero ese es otro tema. No existe otro disco del estilo de “Made in Japan”. Lo introspectivo de los larguísimos solos mezclado con el todopoderoso rock que revive multitudes y melodías en su mayoría inolvidables son un combo al cual nadie se puede resistir, sobre todo si están tan bien presentados como acá. Monstruos dentro y fuera del estudio, Deep Purple hizo historia mostrándose tal cual era. Y mal no les fue.

Juan Ignacio Cornejo K.

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