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Live At The Apollo

Live At The Apollo

Live At The Apollo

Lunes 11 Julio, 2011
1963. Polydor

Para la cultura norteamericana, de seguro “Live at the Apollo” tiene un valor histórico que nosotros no podemos percibir a la distancia. Han pasado casi 45 años. Y en esa época, acá no era mucho lo que se sabía de la creciente industria musical en el hemisferio norte. Y cuando empezamos a hacernos parte del universo del rock & roll, la (mal) llamada “música negra” no llegó nunca acá. O no con la misma velocidad de The Beatles o el fenómeno posterior de Creedence.

Pero en EE.UU., James Brown sí que la hizo con esta placa. Porque un artista puede sacar single tras single, y demostrarte qué es lo que hace. Pero, y eso pasa de que la música es música, la hora de la verdad es sobre un escenario. Y ahí, no sirve exhibir solamente los talentos que el o los artistas posean. Hay que provocar reacciones. Y eso es lo que Brown buscaba: que el LP le mostrara a quien quisiera oírlo lo que él era capaz de generar.

James había tocado antes en el Apollo, ubicado en Harlem mismo, tierra de hombres bravos. Su primera presentación había sido en 1959. Pero al momento de registrar este show, estaba en un ciclo de una semana completa dando cinco presentaciones por día. ¿Cansados? Para Brown, lo importante era que la máquina estuviese aceitada, porque lo que realmente le quitaba el sueño era cómo sonaba su acto en directo.

Desde el comienzo, queda claro que este es un álbum especial. La introducción anuncia uno a uno los hits de James Brown, casi todos incluidos acá. Eso es extraño para nosotros, por decir lo menos. Y de esa manera, se empiezan a suceder los éxitos, los cuales, para ser sincero, no conocía en su totalidad. ‘I’ll Go Crazy’ sí la conocía. Inconfundible ritmo, muy buena. La banda suena perfecta. La base rítmica es la que se lleva todos los premios. En ‘Try Me’, el sonido nos remonta indudablemente al soul de esa época, con muchos coros, para bailarla lento pero de lejitos. ‘Think’ es un rockabilly bastante contagioso, y muestra la principal virtud de este LP. Sin tener grandes éxitos, contagia con la perfecta performance de Brown y los suyos.

‘I Don’t Mind’ muestra el lado más blusero, más Mississippi. James tenía la voz para eso también. No sólo actuación, sino también su voz, daban para que él jugara con los estilos, los mezclara y los transformara. Acá hay un ejemplo de ello. ‘Lost Someone’ es de seguro la más brillante. Un megablues. Fue la que más recordé por bastante tiempo. Por la voz de Brown, de partida. Y por cómo va jugando con las intensidades. Lo que debe haber sido ver esto en vivo… No tuve la suerte de verlo cuando vino a Chile, en ninguna de sus dos ocasiones. Aún lo lamento. Después de oír ‘Lost Someone’, esa farra es aún más imperdonable. Como digo, no tanto por la canción misma (notable, hay que decirlo), sino por lo que transmite durante más de 10 minutos. Una locura.

Viene el medley, otro punto alto, porque al menos a mí un par de melodías me parecieron bastante familiares. El enganche de ‘Lost’ Someone’ con ‘Please Please Please’ está buenísimo. ‘You’ve Got the Power’ viene pegadita, lo mismo que ‘I Found Someone’ y ‘Why Do You Do Me’, casi no se distingue el paso de una a otra. Y lo mismo pasa con las que vienen, demasiadas para enumerar. Aunque son nueve temas, la que más deja con ganas es ‘I Found Someone’. Termina con su primer éxito, otra vez ‘Please Please Please’, que engancha con ‘Night Train’, la cual tiene una aire a ‘Rock around the Clock’. Pero muestra lo fiestero que era Brown en escena. Participación de la gente, coros del resto de su banda, y una personalidad que atrapa, incluso a través de los parlantes. Demasiado presente el sonido del grupo, siendo que uno lo está oyendo, no viendo. Power.

“Live at the Apollo” no es el disco que reúne sus mayores clásicos ni que tuvo un mayor éxito de ventas. Pero sí tiene la particularidad de haber instalado a James Brown de manera muy prematura entre los nombres elementales de la (en ese entonces) naciente historia del rock & roll. No fue el primer paso importante que dio en su carrera. Sin embargo, pocos dudan que fue el más importante. Así me lo presentaron a mí de hecho. Alguna mente sabia me dijo algo así como “si no has escuchado el “Apollo”, nunca vas a entender porqué el negro es tan famoso”. Eso hice. Y si consideramos que esta grabación es 10 años antes que el “Made in Japan” de Deep Purple y nueve antes que “Get Yer Ya-Ya’s Out” de The Rolling Stones (los grandes discos en vivo de la época), es recién ahí cuando se te cae la mandíbula. Recién entendí qué quería decir con eso de que “Live at the Apollo” era una clase magistral. Piensen que el de los Stones está hecho en base a varias grabaciones, y que el de Purple fue en medio de una gira mundial. Aquí, en cambio, Brown solamente le puso “rec” a una más de las incontables presentaciones que hizo en aquel teatro. Esto es “un día normal”. Queda la idea dando vueltas en la cabeza: mientras sigan existiendo tipos como James, la música seguirá alegrando a miles, y seguirá siendo el principal vehículo de escape para la humanidad.

Lo que Brown hizo después, cómo se convirtió en creador y símbolo del funk; la infinita cantidad de presentaciones en vivo que protagonizó; el impresionante número de hits que consiguió; y su influencia para la generación de nuevos estilos de música, son solo algunos de los antecedentes que hacen de El Padrino del Soul uno más de la corta lista de dioses de la música popular, ni siquiera del rock. Sinónimo de genialidad, de éxito y de atrevimiento, James Brown se ganó su espacio. Él es uno de los responsables de que lo que se conocía como “concierto” pasara también a llamarse “show”. Este LP lo refleja mejor que nada. Gracias por entretenernos todos estos años. I feel good.

Juan Ignacio Cornejo K.

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