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Metal Health

Metal Health

Metal Health

Miércoles 20 Julio, 2011
1983. Legacy

En el momento justo. No hay otra forma de presentar este “Metal Health”, tercer disco de estudio de Quiet Riot, uno de los elepés más vendidos en la historia del heavy metal, y uno de los más significativos también. No digo que haya sido un CD “oportunista”, sino oportuno. Los malintencionados han enfocado siempre su análisis en que Kevin Dubrow se aprovechó de la muerte de Randy Rhoads para posicionar a su banda. Pero lo cierto es que “Metal Health” dio el palo al gato no por sacar créditos de la desaparición de su fundador, sino por dar el último empujoncito a la creciente movida del heavy metal, y llevarlo al tope de los rankings. Estaba todo dado para ello. Sólo faltaba un valiente que fuese “más allá”. Y Quiet Riot lo hizo.

Hay algunos datos históricos que son ciertos. Con Randy Rhoads, Quiet Riot editó dos discos que no tuvieron éxito. Él se fue a trabajar con Ozzy, y Kevin Dubrow renombró la banda como Dubrow, y fue recién tras la muerte de Rhoads que retomó su nombre original. Sí, lo más probable es que el nuevo “significado” de Quiet Riot les haya servido para conseguir un contrato o acaparar cierta atención. Pero bueno, al ojo malicioso se le puede permitir entrometerse hasta ahí. Porque lo que realmente hizo de QR una gran banda, estaba recién por venirse. Y tiene muchísimo mérito propio.

El track que da comienzo al álbum es el primer y tal vez más efectivo gancho a la mandíbula que el cuarteto haya escrito alguna vez en su carrera. Un bajo tan duro que puede cortar vidrio, una atmósfera bien callejera, un coro inmortal y un mensaje bien claro: “Bang Your Head!”. Todos los headbangers tienen que agradecerle a Quiet Riot por darles vida y carácter. Está cantada con tanto coraje por Dubrow que su prestigio de gran vocalista se justifica sin siquiera finalizar el primer tema. El heavy metal nunca podrá dejar de lado esta ‘Metal Health’. Es un tesoro, es influencia, es inspiración. Es rock & roll!!!

De ‘Cum on Feel the Noize’, creo que es poco lo que se puede aportar al análisis. ¡Qué buen cover! Qué manera de actualizar un tema, con esa desafiante entrada de batería, en vez de la explosión glamorosa de Slade. La original es tremenda, claro. Pero la interpretación de Quiet Riot está llena de convicción, parece como si fuese un tema propio. Realmente te hacen sentir bienvenido en el carnaval. El solo de Carlos Cavazo es sencillamente indescriptible, por decir lo menos. Siempre tuve la sensación de que si no fuese por esta canción, los ochentas nunca hubiesen sido lo que fueron. No hubiese tenido tanto sexo, tantas drogas y tanto rock & roll. Porque cuando la cosa parecía que se ponía muy interesante pero que a la vez se tomaba muy en serio, con lo que habían hecho Ozzy, Iron Maiden, Judas Priest y Van Halen (tal vez David Lee Roth era el único que sabía reírse de sí mismo) entre otros, Quiet Riot sacó los parlantes al patio y armó una fiesta a la cual estaban todos invitados.

‘Don’t wanna let you go’ es menos pesada, pero que muestra una faceta mucho más pop y delicada de Quiet Riot. Llama la atención, pero queda luego en el olvido con la vibra carretera de ‘Slick Black Cadillac’, un tema que había sido grabado ya con Randy Rhoads, y que acá suena como nuevo. Pura adrenalina. Para reventar los parlantes.

‘Love’s a Bitch’ tiene un comienzo que ratifica que el cuarteto que además de Dubrow y Cavazo completaban Rudy Sarzo en bajo y Frank Banali en batería, sabía lo que hacía. Siempre he encontrado que las frases del coro son bien simplonas, pero la canción es tan inmensamente buena que me hace olvidarlo. ‘Breathless’ y su bajo de cabalgata son una auténtica montaña rusa, que muestra otra vez un gran sentido musical, al bajar Dubrow sus revoluciones en el coro, no en las estrofas. ¡Tremendo! Descoloca, y te deja, en efecto, sin aliento. Otro gran solo, por si fuese poco. ‘Run for Cover’, mucho más que metal, es punk. A la vena. El riff de guitarra es irresistible. Y el sonido de los tambores de Banali, en la mitad del tema, le da un carácter demoledor a la canción muy inesperado. Te recuerda, casi diciéndolo al oído, que no porque corran rápido van a dejar de pisar fuerte.

‘Battle Axe’ es un instrumental de Cavazo, que en poco más de un minuto se luce y enseña a todos que la vacante dejada por Randy estaba siendo bien ocupada. ‘Let’s get Crazy’ irrumpe con un grito descomunal de Dubrow, y se desarrolla precisamente como un llamado a volverse loco. El riff puede recordar a algo que haya hecho Rhoads con Ozzy, pero eso es un difuso detalle. El ritmo de la batería es bien juguetón también. Pero toda la fiesta se acaba, cuando comienza ‘Thunderbird’. Un épico homenaje al difunto guitarrista, que mezcla una onda bien melosa con un coro casi operático, lo que le da en definitiva una teatralidad inesperada a la composición. Hermoso cierre. Y merecido…

Si hay que ser estricto, lo que hoy conocemos como heavy metal no se parece mucho al contenido de “Metal Health”. Pero eso sólo fue ocurriendo con los años. Porque lo cierto es que este es el primer álbum que llegó al número 1 del Billboard al que se le colgó el mote de “heavy metal”, lo cual llevó los ojos del mundo a todo lo que se estaba haciendo por parte de una infinita cantidad de bandas. Y eso no tiene un valor cuantificable, por más que los puristas entren a discutir si es o no representativo del heavy.

En el recuento histórico, la primera puerta de seguro la abrió Van Halen con su debut discográfico. Desde ahí, comenzó a construirse algo que creció con los años, donde Ozzy Osbourne tuvo mucho que decir también, en sociedad con el mencionadísimo Randy Rhoads. Judas Priest también dijo presente con el exitazo de ‘Breaking the Law’ en el 80. De seguro hubo otros que dieron impulso a la movida hard rock que se tomaría el mundo por asalto. Pero Quiet Riot fue el primero en llegar a la cima.

Sea como sea que aquello se interprete, fue fundamental para sus pares y para la industria. Cómo afectó a la cultura y a la juventud la masificación del “bang your head” es algo que mi amigo personal Cristián Pavez podría explicar con más detalle. Pero lo que a nosotros nos queda con todos estos años, es un gran disco, mucha vibra (que pudimos rememorar el año pasado con su visita a Chile), un par de himnos inolvidables, y la pérdida definitiva de la timidez para rockear como la puta madre. Ella también es headbanger…

Juan Ignacio Cornejo K.

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