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Annette Peacock: La artista correcta en el momento equivocado

Annette Peacock: La artista correcta en el momento equivocado

Pionera de profesión, fue la influencia de músicos fundamentales
Miércoles 10 Enero, 2018
Annette Peacock: La artista correcta en el momento equivocado

Annette Peacock nació en 1941 y antes de cumplir veinte años ya estaba sumergida en el jazz, que sería la base de su innovadora estética, aunque nunca la palabra adecuada para definirla. Oriunda de Nueva York, solía pulular por Greenwich Village, epicentro bohemio de la Gran Manzana donde compartió viajes con uno de los predicadores del evangelio del ácido, Timothy Leary. La experiencia dejaría mella en su música, muchas veces inductora de trances psicodélicos. Durante los sesenta, no hubo fronteras entre su arte y su intimidad: maestros del free jazz como el bajista Gary Peacock y el pianista Paul Bley eran tanto sus colaboradores como los hombres con los que se emparejó mientras vivía absolutamente inmersa en la música, especializándose en componer, cantar, arreglar y producir.

Cuando el prototipo del primer sintetizador Moog llegó a sus manos, Annette Peacock tuvo la genialidad de abordarlo como nadie lo había hecho antes: en vez de usarlo como un órgano eléctrico, lo que todos hacían con esa clase de instrumento, exploró sus posibilidades como procesador de otros sonidos y descubrió que podía manipular su voz de formas que nunca habían sido escuchadas. Adelantada a su tiempo, salió de gira con un sintetizador antes de cualquier otro músico, una complicación logística dado el descomunal tamaño que tenían en ese entonces, además de un obstáculo para el flujo de los conciertos porque la audiencia debía esperar bastante entre canción y canción, a veces incluso media hora. Sobra decir que su propuesta era desafiante. La incomprensión la seguiría como una sombra.

"Era el disco correcto en el siglo equivocado", decían las notas introductorias de la reedición de "Revenge" (1971), un álbum con grabaciones de 1968 y 1969, originalmente firmado por Bley-Peacock Synthesizer, pero que en su versión remozada se titula "I Belong to a World That's Destroying Itself" y es presentado como el primer LP de Annette Peacock. Se trata de un documento imprescindible, el inicio de una carrera brillante con aportes pioneros al rock, el pop, la electrónica y el rap, así como un precedente de sabiduría femenina y liberación sexual con sus letras sobre machismo, política, espiritualidad, fetichismo y masturbación. Su huella es evidente en personajes como Brian Eno, Daniel Lanois y Laurie Anderson, todos enterados de su existencia mediante fans de la talla de Salvador Dalí (quien la convirtió en uno de sus hologramas) y David Bowie.

 

Aunque tuvo otros admiradores entre sus colegas -como el saxofonista Albert Ayler, un ícono del jazz de vanguardia con el que salió de gira, o el baterista Bill Bruford de Yes y King Crimson, quien la invitó a su debut solista-, el Duque Blanco fue por lejos el más obsesivo y se empecinó en tenerla cerca. La dinámica entre ambos dice mucho sobre sus respectivas personalidades. Cuando Ziggy Stardust invadió Estados Unidos, el disco favorito de Bowie era "I'm the One" (1972) de Annette Peacock. No era una admiración recíproca: cuenta la leyenda que Bowie visitó a Peacock en su estudio de grabación y ella lo echó porque no quería distracciones. También rechazó una invitación a tocar en la banda que grabaría "Aladdin Sane", aunque fue el puente entre Bowie y Mike Garson (el tecladista de "I'm the One"), una dupla que permanecería unida por muchos años.

Poco acostumbrado al rechazo, Bowie siguió en su intento de reclutarla en su club de amigos y colaboradores. Insistió mediante Tony DeFries, el manager que eventualmente le costaría millones de dólares, con el que estaba armando una agencia de representación de músicos llamada MainMan. "David tiene muchas ideas, así que sólo respondo a las que menciona repetidamente, y David te ha mencionado repetidamente a ti", le aseguró DeFries a Peacock cuando se conocieron, antes de pasarle su tarjeta. Aunque Annette no estaba convencida del todo, días después tomó el teléfono al darse cuenta de que el invierno que se avecinaba en Nueva York podría ser cruento para ella y su hija. "No sé tú, pero acá hace frío", le dijo a DeFries, quien instantáneamente puso dinero en su cuenta, además de brindarle toda clase de comodidades para que desarrollara su trabajo. 

Pese a la adulación y los recursos, toda una novedad después de dar botes en sellos que no sabían cómo marketearla (la razón de que sus vinilos sean escasos y carísimos), pertenecer al séquito de una megaestrella nunca estuvo en sus planes. Tenía plena conciencia de que DeFries, en el fondo, la consideraba un capricho de Bowie y tampoco la entendía: nunca supo qué hacer con una artista tan inclasificable y trataba de ocultar su pasado jazzero. El único de ese clan que la comprendía era el guitarrista Mick Ronson, quien grabó covers suyos y fue su colaborador, además de advertirle que Bowie se apropiaría de sus ideas. Después de un año, Annette Peacock puso fin a su relación con MainMan. Ella lo cuenta de una forma que no sólo explica su decisión, sino la política de carrera que sigue hasta hoy: "Supe lo que eran los lujos y conocí el precio de la fama. Probé el estilo de vida y decidí que nada se sentía ni se veía mejor en mí que la libertad". 

Andrés Panes

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